Durante octubre, el llamado a prevenir y detectar oportunamente el cáncer de mama cobra especial fuerza. Pero detrás de cada diagnóstico hay también una historia emocional que merece atención. El miedo, la incertidumbre, los cambios en el cuerpo y la necesidad de sentirse acompañada forman parte de un proceso en el que la salud mental también tiene un papel importante.
Hablar de cáncer de mama suele llevarnos inmediatamente a la prevención, la autoexploración, los estudios médicos y la detección oportuna. Y, sin duda, todos son fundamentales. Sin embargo, hay otra dimensión que puede quedar en segundo plano: ¿qué pasa con lo que siente una mujer cuando recibe un diagnóstico o cuando comienza a vivir con la incertidumbre de una enfermedad?
Para la Dra. Delia Hinojosa, psicoanalista y psicoterapeuta de PsicoIntegra, es importante entender que una enfermedad no se vive únicamente desde el cuerpo. “Cuando una persona enfrenta una situación de salud importante, no solamente está enfrentando un diagnóstico. También enfrenta miedos, pérdidas, cambios, incertidumbre y muchas preguntas sobre su futuro”, comenta.
El miedo también necesita un espacio
Ante un diagnóstico de cáncer de mama pueden aparecer emociones muy distintas: miedo, tristeza, enojo, angustia o incluso momentos en los que la persona simplemente no sabe qué sentir. Y todas ellas pueden formar parte de una reacción normal ante una situación que cambia de manera repentina la vida cotidiana.
“Hay una tendencia a pensar que debemos ser fuertes todo el tiempo, pero no necesariamente es así. Una persona puede sentirse vulnerable, tener miedo o estar triste y eso no significa que esté afrontando mal su enfermedad”, explica Hinojosa.
Por eso, contar con un espacio para hablar de lo que está pasando puede ser tan importante como atender los aspectos físicos del tratamiento. La psicoterapia puede acompañar a la persona para poner en palabras aquello que muchas veces resulta difícil expresar frente a familiares o amigos.
El cuerpo cambia, y las emociones también
Uno de los aspectos más sensibles del cáncer de mama tiene que ver con la relación que cada mujer tiene con su propio cuerpo. Los tratamientos pueden traer cambios físicos que afectan la imagen corporal y, con ella, la manera en que una mujer se reconoce y se percibe.
“Decirle a una mujer que lo importante es que esté viva no significa que no pueda dolerle perder una parte de su cuerpo, su cabello o la imagen que tenía de sí misma. Podemos estar agradecidos por la vida y, al mismo tiempo, sentir tristeza por los cambios que estamos atravesando”, señala la especialista.
Reconocer estas emociones, agrega, permite evitar que se conviertan en algo que la persona tenga que esconder o enfrentar en soledad.
Acompañar no significa decir “échale ganas”
También quienes rodean a una mujer con cáncer pueden sentirse perdidos. Muchas veces, con la intención de ayudar, aparecen frases como “tienes que ser positiva”, “todo va a estar bien” o “échale ganas”.
Pero acompañar no siempre significa encontrar las palabras perfectas. “A veces pensamos que tenemos que solucionar lo que está viviendo la otra persona y no es así. Muchas veces lo más valioso es simplemente estar, escuchar y permitirle decir cómo se siente sin tratar de cambiar inmediatamente esa emoción”, explica Hinojosa.
La familia y la pareja también pueden necesitar apoyo. El diagnóstico puede generar miedo, angustia e incertidumbre en todo el entorno cercano, por lo que hablar de lo que cada integrante está viviendo puede ayudar a transitar el proceso de una manera más acompañada.
Pedir ayuda también es una forma de cuidarse
Buscar apoyo psicológico no significa que una persona esté “mal” ni que no pueda afrontar por sí misma una situación difícil. Puede ser, simplemente, una manera de tener un lugar seguro para procesar todo aquello que está ocurriendo.
“Uno de los errores que podemos cometer es esperar a que la persona ya no pueda más para buscar ayuda. No necesitamos llegar a una crisis para pedir acompañamiento emocional”, afirma la especialista.
Desde PsicoIntegra, el enfoque integral de la salud mental parte precisamente de la importancia de escuchar y acompañar a las personas en los diferentes momentos de su vida.
Octubre también es una invitación a escucharnos
El mes de sensibilización sobre el cáncer de mama es una oportunidad para recordar la importancia de la prevención y la detección oportuna, pero también para ampliar la conversación.
Cuidarse implica atender el cuerpo, acudir a revisiones y no dejar pasar señales de alerta, pero también reconocer lo que ocurre emocionalmente y pedir apoyo cuando sea necesario.
“Tenemos que aprender que cuidar nuestra salud también significa cuidar nuestras emociones. No tenemos que poder con todo ni estar bien todo el tiempo. También podemos pedir ayuda, dejarnos acompañar y hablar de lo que nos pasa”, concluye Delia Hinojosa.
Porque detrás de cada diagnóstico hay mucho más que una enfermedad: hay una mujer, una familia, una historia y una vida que continúa. Y cuidar cada una de esas dimensiones también forma parte del camino.
