La inesperada renuncia de Justin Trudeau en enero de 2025, como líder del Partido Liberal y como primer ministro, no sólo cerró un ciclo político marcado por el progresismo y la polarización, sino que dejó al país frente a una encrucijada histórica. Con una economía que lucha por recuperar su dinamismo y una sociedad dividida por el costo de vida y la inflación, el futuro de Canadá dependerá de cómo su próximo gobierno enfrentará las sanciones económicas impuestas por el proteccionismo de Donald Trump.
Luego de una década de gobierno del Partido Conservador, Trudeau llega al poder en 2015 como un líder progresista, defensor del libre comercio y el multilateralismo y fue gracias a su energía y simpatía que el Partido Liberal logró una amplia mayoría con 184 escaños en las votaciones.
Durante su mandato, hubo cambios importantes en materia de política social, desde la legalización del cannabis, la autorización de la ayuda médica en caso de muerte, el pharmacare, el reconocimiento de los derechos de las personas LGBTQ+, la reconciliación indígena, hasta la atención infantil subvencionada por el gobierno.
También fue reconocido por la comunidad internacional por nombrar un gabinete paritario entre hombres y mujeres, una política que mantuvo durante todos sus años de mandato. Algunos de sus logros a nivel internacional fueron el dar refugio a más de 100.000 sirios, otorgar visados de emergencia a casi 300.000 ucranianos y la negociación de dos acuerdos comerciales: Tratado Canadá, Estados Unidos, México (T- MEC) y el Acuerdo Transpacífico (TPP).
En 2018 su gestión económica se vio severamente afectada por la guerra comercial desatada por Trump, quien impuso aranceles al acero y al aluminio canadiense bajo el argumento de “seguridad nacional”. Y, a pesar de que ambos países alcanzaron un acuerdo en 2020 con el T-MEC, el proteccionismo de Trump dejó cicatrices en la relación bilateral, que más tarde volverían a abrirse.
Aunque la salida de Trudeau se atribuye oficialmente a motivos personales y al desgaste tras casi una década en el poder, es difícil ignorar sus tropiezos en la arena internacional, así como sus escándalos al respecto de la violación de las reglas federales sobre conflictos de intereses en el manejo de una investigación de corrupción y, sus viajes a las Bahamas, pero sobre todo, no podemos pasar por alto el impacto de las tensiones económicas con Estados Unidos, especialmente por la imposición de los aranceles por Trump durante su segundo mandato.
Según diversas fuentes, la decisión de Trudeau fue impulsada por su baja popularidad en las encuestas, mismas que reflejaron un descontento creciente entre los ciudadanos por el aumento del costo de vida, el ingreso masivo de inmigrantes y la inflación. Además, la renuncia de Chrystia Freeland, viceprimera ministra, titular de Finanzas y mano derecha de Trudeau, desató tensiones dentro de su propio partido que le costaron su dimisión.
Es preciso señalar que, la renuncia de Trudeau no es sólo el fin de un ciclo, sino un recordatorio de que Canadá necesita un nuevo pacto de unidad que trascienda lemas políticos: más viviendas asequibles sin destruir el medio ambiente, políticas económicas y fiscales permanentes, así como relaciones comerciales con otros socios como: China, la Unión Europea o incluso Rusia.
El futuro de Canadá, ahora a cargo del nuevo primer ministro, Mark Carney es incierto y se enfrenta a un escenario de incertidumbre. Los desafíos más evidentes son: el recomponer la maltrecha relación con Washington y diversificar su comercio exterior para reducir la dependencia que tiene con Estados Unidos, algo especialmente urgente ante el creciente aislacionismo de Trump.
Mientras tanto, la salida del primer ministro canadiense sirve como recordatorio de que, en la política moderna, incluso los líderes más carismáticos pueden caer por presiones políticas y económicas externas. La era Trudeau termina, pero el legado de los aranceles de Trump perdura. Canadá debe prepararse para una tormenta comercial y apostar por la elección de una candidata o candidato con amplio poder de liderazgo como el que alguna vez ostentó Trudeau.