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Lo peor de las lluvias aún está por llegar: alertan que el mantenimiento preventivo puede evitar daños millonarios en viviendas y edificios

Si bien la canícula traerá un respiro temporal en algunas regiones del país durante julio, la temporada de lluvias todavía no termina. De acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua), las precipitaciones volverán a intensificarse entre septiembre y octubre, impulsadas por la temporada de ciclones tropicales, aumentando el riesgo de inundaciones, deslaves y daños en viviendas, edificios e infraestructura.

Para este año se prevé la posible formación de hasta 36 ciclones tropicales entre los océanos Pacífico y Atlántico, fenómenos que cada temporada ponen a prueba la resistencia de las construcciones mexicanas.

El riesgo es creciente. Datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) indican que, en uno de los años más recientes analizados, México registró 246 eventos de inundación que afectaron 174 municipios de 28 estados. En paralelo, Conagua ha desarrollado Atlas de Riesgo por Inundación para 104 ciudades y 40 zonas ubicadas aguas abajo de presas, reflejando la creciente exposición del país a este tipo de fenómenos.

La humedad, el enemigo que pocas veces se detecta a tiempo

Aunque las inundaciones suelen acaparar la atención, especialistas advierten que la humedad representa una de las principales causas del deterioro progresivo de los inmuebles.

Las lluvias constantes favorecen filtraciones en techos, azoteas, muros y ventanas, aceleran el desgaste de impermeabilizantes y, cuando el agua alcanza la estructura, pueden provocar corrosión del acero de refuerzo, deterioro del concreto, desprendimiento de acabados e incluso afectar la estabilidad de algunos elementos constructivos.

A ello se suma la saturación del suelo provocada por precipitaciones prolongadas, condición que puede generar asentamientos diferenciales, grietas y deformaciones estructurales cuya reparación implica costos significativamente mayores.

“La lluvia no daña una construcción de un día para otro; el verdadero problema surge cuando pequeñas filtraciones no se atienden a tiempo. Una humedad aparentemente menor puede convertirse en un deterioro estructural que implique reparaciones mucho más costosas. Por eso, el mantenimiento preventivo siempre será una inversión más rentable que una reparación de emergencia”, afirma Ronaldo Rizzi, Gerente para América Latina de Casa do Construtor.

Revisiones simples pueden evitar reparaciones costosas

Especialistas del sector recomiendan realizar inspecciones preventivas antes de que lleguen los meses de mayor precipitación. Entre las acciones prioritarias destacan:

  • Revisar el estado del impermeabilizante en techos y azoteas.
  • Reparar grietas y fisuras antes de que permitan el ingreso de agua.
  • Limpiar canaletas, bajantes y coladeras para evitar encharcamientos.
  • Verificar el sellado de puertas y ventanas.
  • Comprobar el correcto funcionamiento del drenaje pluvial.

Atender una filtración en sus primeras etapas puede evitar que el problema evolucione hacia daños estructurales que requieran intervenciones complejas y de alto costo.

Construcciones más resilientes frente a un clima extremo

El aumento en la frecuencia e intensidad de las lluvias ha llevado al sector de la construcción a replantear la forma en que se diseñan, mantienen y rehabilitan los inmuebles.

“Hoy no basta con construir pensando en las necesidades actuales. Las edificaciones deben prepararse para enfrentar fenómenos meteorológicos cada vez más intensos. Esto implica incorporar materiales de mayor desempeño, realizar inspecciones periódicas y fomentar una cultura de mantenimiento que permita prolongar la vida útil de los inmuebles y proteger la inversión de propietarios y empresas”, señala Ronaldo Rizzi.

Además de proteger el patrimonio de familias y empresas, el mantenimiento preventivo permite reducir costos de reparación, prolongar la vida útil de las construcciones y mejorar la seguridad de quienes las ocupan.

Con los meses de mayor precipitación aún por delante, los especialistas coinciden en que el principal desafío no será únicamente responder a las emergencias, sino anticiparse a ellas mediante estrategias de prevención que fortalezcan la resiliencia de las edificaciones frente a un clima cada vez más extremo.

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