En su segundo mandato, Donald Trump ha dado un giro a la política exterior de su predecesor, Joe Biden, basada en intentar de desescalar el conflicto con Rusia y reducir el financiamiento a la guerra en Ucrania, alineándose con la postura de la OTAN.
Esta estrategia se ha reflejado en sus recientes encuentros con líderes de Arabia Saudita, en Riat, cuando el ministro de relaciones exteriores ruso, Seguéi Lavrov se reunió con su homólogo estadounidense, Marco Rubio; el primer contacto entre estas potencias desde el inicio de la guerra. Este cambio responde a la visión de Trump de anteponer los intereses nacionales por encima del multilateralismo, como lo reflejan sus lemas “America First” y “Make America Great Again”.
Trump ha sugerido una reducción del apoyo militar y financiero a Ucrania, buscando una solución negociada que refuerce su postura de no intervención en conflictos ajenos. Su propuesta de reconfiguración también alcanza a la OTAN, al solicitar que los miembros europeos aumenten sus contribuciones y que la Unión europea asuma un mayor liderazgo en la defensa del continente.
En cuanto a la Guerra entre Rusia y Ucrania, el Presidente Trump ha mantenido una postura pragmática, exigiendo que Kiev asuma una mayor responsabilidad en el conflicto y sugiriendo que la intervención occidental ha prolongado innecesariamente la guerra. Estas declaraciones dejan entre ver de qué lado se inclina la balanza y además nos recuerdan que Trump no es un presidente bélico sino un empresario negociador al cual le preocupa, principalmente, el expansionismo de China y la relación que mantiene con el gobierno ruso, siendo Ucrania sólo un conflicto internacional que influye sobre esa rivalidad.
En realidad lo que está buscando el gobierno estadounidense es fortalecerse a nivel interno y para conseguirlo debe reafirmar su liderazgo a nivel global. La negociación de los acuerdos de paz entre Rusia y Ucrania son una pieza clave para no ser superado por China porque si el presidente Xi Jinping logra mantener con el presidente ruso, Vladimir Putin una buena relación, entonces compartirían los recursos económicos de Ucrania entre sí y dejarían fuera del escenario a Estados Unidos. Por ello la negociación de los acuerdos de paz es apremiantes para Trump y no tendrá reparo en alcanzarlos sin importar el precio que tenga que pagar Kiev.
De llegar a un acuerdo de paz, Ucrania no sólo se vería dividida, con al menos un 20% de su territorio bajo control ruso, sino que también se le vetaría su entrada a la OTAN. Esto se debe a que la Alianza del Atlántico Norte difícilmente aceptaría integrar a un país con territorios ocupado por Rusia. Además, en caso de alcanzar este hipotético acuerdo, sería necesario garantizar la seguridad de Ucrania mediante el despliegue de fuerzas internacionales, estimadas en alrededor de doscientos mil soldados, para mantener la paz y evitar que Rusia aproveche cualquier debilidad de Kiev para lanzar nuevos ataques.
Un aspecto destacable de las negociaciones entre Rusia y Estados Unidos es el papel que desempeñará la Unión Europea (UE). Se espera que la UE despliegue un ejército protector para resguardar lo que quede de Ucrania y que, a su vez, facilite el acceso del país a la Unión en 2030, sin dejar de lado que, la UE terminaría asumiendo el costo de la reconstrucción de Kiev.
En definitiva, estamos presenciando de una reconfiguración geopolítica global. Estados Unidos está abandonando su en favor de un enfoque más proteccionista, con el objetivo de fortalecer su economía desde el interior y asegurar su posición hegemónica a nivel internacional mediante el fortalecimiento de alianzas estratégicas con socios clave.
Su participación en la búsqueda de la paz en el conflicto entre Rusia y Ucrania tiene como fin garantizar su alianza con Rusia, relegando a Europa y a China al papel de espectadores de la repartición de los recursos económicos de Ucrania, sin darse cuenta de que el sistema multipolar es cada vez más latente en el tablero internacional.